Lo primero que me llamó la atención de las fotografías es que eran en blanco y negro, de una estética fetén. Antiguas, no sabría decir cuánto, pero como de los años 50, pensé después. No me atrevía a adivinar la edad de los chicos que salían en ellas. Seguro que me confundiría, porque pareciéndome que eran un grupo de amigos, uno de ellos, que se daba un aire a mi padre, le estimé unos 20 años, pero a otro no le bajaba de los 40. La fotógrafa era una tal Ángela López de la Vega, de la que nunca habia oído hablar, y me sorprendió que fuera una mujer, especialmente para esa época. Las fotografías eran de un viaje en un antiguo autobús, de los que nunca llegué a ver circular, a Covadonga, en Asturias, y parecía como que la fotógrafa hubiese coincidido casualmente con aquellos muchachos, que no les conociera previamente. Saqué unas instantáneas de las fotos que más me habían gustado, para conservarlas en el móvil.
Al llegar a casa esa noche, recordando las fotos y a su autora, tecleé su nombre en google por ver que más podía averiguar sobre ella, pero no conseguí encontrar ninguna entrada de una tal Angela López fotógrafa. Ninguna combinación de sus apellidos me dio pista alguna. Decidí entonces volver a revisar las fotos, por buscar alguna pista adicional, pero no pude encontrar nada. Mi búsqueda se antojaba infructuosa.
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