ye lo que hay, Manolín
Cuida tu jardín y volverán las mariposas
miércoles, 11 de marzo de 2026
El valor de las palabras
Una vez leí que las cosas comienzan a existir cuando se les pone nombre. Antes, supongo, están en una especie de limbo semántico, como en una sala de espera de hospital, aguardando con impaciencia que alguien les cite por megafonía. ¿Ocurre lo mismo al revés? Cuando algo o alguien deja de nombrarse, puede ser que por olvido, ¿deja de existir, al menos para el olvidante? Porque es cierto que hay palabras que desaparecen, como el nombre de un oficio antiguo, el apodo por el que te llamaba tu padre o una pareja que ya no es, o una fábrica que cerró hace tiempo y que ya nadie recuerda. ¿Cuando muere un vínculo muere la palabra? ¿Cuando el oficio ya no existe, cuando tu padre fallece o cuando tu pareja se ha convertido en ex? ¿O el mero hecho de recordar una palabra, aunque ya no se pronuncie, aunque quien la pronunciaba ya no está, mantiene vivo a lo no nombrado?
sábado, 7 de marzo de 2026
Diario de un pardillo naíf
M camina delante de mi, unos pasos. Tres o cuatro pasos. Yo pienso que son unos metros. Lleva a S de la mano. Se miran y se sonríen. S lo hace de forma natural, la de un niño. M como si fuese un gesto aprendido, reciente. Robótico. Camina delante de mi lo que yo creo que son unos pasos, pero nos separan años, quizás no de los buenos. Y yo no lo veo. ¿Cuál es la diferencia entre naíf y pardillo? Ahora me pienso naíf por buscar una puerta de salida y no fustigarme. Se detienen, M se gira y cruzamos la mirada. Tal parece que estuviésemos en el mismo sitio en días diferentes, porque siento que no me ve. Soy transparente a sus ojos. Al menos, el yo naíf que creo que era. Ya no sé a quien miraba. Ahora me doy cuenta de que nunca la entendí.
lunes, 23 de febrero de 2026
No me gusta Madrid en octubre
Ya sé que te he dicho muchas veces que no volveré en octubre a Madrid, y por eso no me vas a creer. No estoy dispuesto a encontrármela de nuevo en la fiesta, fingir que no la conozco, y ser yo después quien se quede con mal sabor de boca, que es lo que me sucede siempre. Te he dado distintas disculpas, hasta me acuerdo que te dije una vez, todo serio y sin ponerme colorado, que tenía una gallina a punto de parir, cuando tu sabes que no tengo gallinas. El caso era no ir, y, al final, la mayor parte de las veces siempre acabo yendo. Pero esta vez es distinto. Esta vez he tomado una decisión irrevocable. No iré a tu cumpleaños.
lunes, 5 de febrero de 2024
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