sábado, 27 de junio de 2026

Objetos abandonados, olvidados, caídos ...

He llegado a la conclusión de que no existen objetos perdidos.

Hay objetos que abandonamos porque ya no los queremos. Deseamos desprendernos de ellos y de lo que significan, como si el quitárnoslos de encima supusiera deshacernos de una carga que nos lastra, y que ese abandono significara el abandono de la carga. A veces, incluso planificamos el abandono y descontamos los días, las horas y los minutos hasta que ese objeto es dejado. Nos provoca alivio el renuncio.

Otros nos los olvidamos sin ser nuestra intención, porque no son tan importantes momentáneamente como para fijarnos si los dejamos encima de una mesa de un bar, del capó del coche antes de arrancar, en un paragüero de una oficina de correos, en una consulta en la seguridad social o en la cerradura de una puerta. Ese olvido, en general, no nos provoca pena.

Hay otra categoría, que son los objetos caídos. Un bolsillo roto, las prisas, una chaqueta mal colocada sobre una silla. De esos no hubiéramos querido deshacernos, y nos damos cuenta de lo que pudo haber sucedido cuando ya es tarde.

¿Qué pensarían esos objetos de nosotros, si pudieran?

viernes, 12 de junio de 2026

¿Qué es la fiesta de la Séptima Generación?

¿Qué creéis que es? ¿Algún valiente?

miércoles, 10 de junio de 2026

Cara o cruz

Leí ayer, comenzando Rayuela, que el proceso de elegir influye sobre la decisión misma. Veo esta afirmación ligada a varios principios de la física. A ese que dice que el observador, por el mero hecho de observar, influye sobre lo observado. Esto creo que lo entendemos todos con un ejemplo muy sencillo, poco científico. Por el mero hecho de que alguien nos observe, nuestro comportamiento variará. También lo veo relacionado con el experimento del gato de Schrödinger. Hasta que no abrimos la caja donde está el gato, no sabemos si está vivo o muerto, por lo que ambas posibilidades conviven juntas. Justo hasta el momento en el que el observador abre la caja, y ve que está vivo, por ejemplo.

El observador, por el mero hecho de observar, influye sobre lo observado, sobre si algo ocurre o no ocurre. Extraño, ¿no?

lunes, 1 de junio de 2026

Czerniakowska 209, 303

Llegué el miércoles. Alquilé un apartamento muy cerca de donde tu vivías. Me acerqué hasta la esquina en la que había una tienda de bicicletas y desde ahí observé la ventana del salón. Siempre me gustaron los techos altos, y que se vieran desde la calle, desnudo el salón de cortinas. Ahora, en una de las ventanas hay un cartel dice que el piso se alquile. Llevaba mi llave, la que no te devolví porque no me la pediste. Bueno, siempre la llevo. Estuve tentado a subir para ver si aún estaba la antigua cerradura y poder entrar. Quería saber si en la casa seguía oliendo a ti, o si te habías dejado algo, como una carta explicándome porqué te fuiste, un rencor o un abrazo.

Tuve que conformarme con recordar.

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