viernes, 8 de mayo de 2026

Gluten en Zahara de los Atunes

En ocasiones, nos sucede que nos estancamos cuando tratamos de recordar algo en concreto. Un amigo me dijo en una conversación que le costaba recordar gluten y Zahara de los Atunes, por separado, claro está. Gluten era algo importante porque su mujer es celíaca. Y Zahara de los Atunes es, siemplemente, un destino reciente de vacaciones.

Es curiosa esta desmemoria selectiva. A mi, por ejemplo, me cuesta recordar los nombres de las calles. Nunca he hecho un esfuerzo grande por recordarlas. Cuando era un chavalete, le preguntaba a mi padre, que daba la sensación de que se sabía todo el callejero de Gijón. Y él me resolvía la duda. Ahora, es Google Maps quien me ayuda.

Einstein decía que no hacía falta recordar las cosas que pueden encontrarse en los libros. En la era digital, eso se traduce en que no hace falta recordar lo que puedes encontrar en Google, ¿no?

A vosotros, ¿qué palabras os cuesta recordar?

jueves, 7 de mayo de 2026

Poesía gramatical

Nunca pensé que poesía y gramática, en cualquiera de sus formas y variantes, pudieran ir juntas en la misma frase, al estilo de inteligencia y militar. Pero recientemente las escuché en un podcast para describir la gramática polaca y me gustó esta expresión. Por alguna singularidad de la misma, tildaban una de sus reglas como poesía gramatical. Y eso que me gustan las gramáticas. Y eso que me gustan las lenguas. Tanto como los idiomas.

He decidido volver a estudiar polaco antes de que el podcast considerara esa relación con la poesía. Hace ya casi 15 años que me fui de Varsovia, y en este tiempo quise volver a estudiar el idioma, incluso tuve un par de intentonas que fracasaron. Fundamentalmente porque mis profesoras no eran profesoras, sino polacas circunstancialmente fuera del país, pero que no tenían la capacidad didáctica para serlo.

Ahora, ya con las videoconferencias totalmente integradas en nuestras vidas, me resulta muy fácil el retorno al pasado de Jacques Tourneur y volver a dar clase con la última profe que tuve en Varsovia.

Habrá novedades sobre este tema.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Me equivoqué de faro

Hoy he escuchado en la radio una historia de hace muchos años, relacionado con el hantavirus, acerca del armador que visualizó la oportunidad de los viajes de placer en crucero, y que el primer barco dedicado a semejante menester sufrió un accidente y encalló porque el capitán se había equivocado de faro.

Un faro tiene una combinación específica de períodos de luz y de sombra, que se llama la característica del faro, por la que se le puede reconocer desde el mar, y así saber los tripulantes en donde se encuentra un barco y de acuerdo con sus cartas y mapas, situarse. ¿Pueden dos faros tener la misma característica? Si, pero tendrían que estar tan alejados en el mapa que sería imposible de confundirlos. No sé. Por ejemplo uno en la costa asturiana y otro cerca del cabo de Buena Esperanza. Habría que estar muy mal orientado para que nos indujera a error. La otra explicación del accidente sería que no hubiera identificado correctamente al faro por su característica, y pensara que era el faro de Tazones en vez del de Cabo Peñas. Y de ahí la debacle.

Pues se me ha ocurrido pensar que también a nosotros nos pasa lo mismo, nos equivocamos de faro (persona). En ocasiones, erramos al interpretar unas señales de luz y de sombra que nos envían y que son otras distintas. Eso trae como consecuencia que ese no es el faro (persona) al que nos tenemos que dirigir. Y encallamos. En otras ocasiones, las menos, confundimos un faro (persona) con otro que está a muchos kilómetros de distancia, acabamos descolocados.

lunes, 4 de mayo de 2026

Fiesta de la Séptima Generación (IV)

Son las ocho de la tarde del 27 de junio. Sábado, para más señas. En el Club de Regatas de Gijón se está organizando una fiesta en el salón principal. Se ha improvisado un pequeño escenario, semicircular, levantado sobre una reluciente tarima de madera de castaño, en torno al cual se disponen ocho mesas, en dos filas alrededor del escenario. Las mesas están numeradas del 1 al 8, pero no llevan orden alguno. Cada mesa tiene anotados los invitados que deben sentarse en ella, no con sus nombres, sino con unos números que representan a las parejas, estos si consecutivos. Están ya todas ellas completas, no hay ningún hueco libre. Hay, por tanto, sesenta y cuatro personas, de las que sabemos, no nos preguntemos porqué, que forman 32 parejas, casi todas ellas casadas, excepto unas pocas que lo estarán antes de que transcurran unos pocos meses. Al lado de cada uno de los platos, un recordatorio del evento indica que se trata de la Fiesta de Séptima Generación, y se describe con detalle el menú.

Se nota una gran expectación en la mayoría de los invitados, casi se podría decir que un poco de nerviosismo. Se les ve charlar animosos entre ellos, con certeza preguntándose como se llaman, si les gustan las mariposas, de donde vienen, cuál es su color preferido, si conocen al anfitrión, y cosas como las que se le pueden decir o preguntar a un compañero de evento al que se ha sido invitado sin saber porque. Al llegar, una serie de personas, uniformados y elegantes, han ayudado a los asistentes a ocupar su lugar en las mesas, pero se han debido retirar ya porque no se distingue su lustroso uniforme. Quienes comienzan a aparecer ahora yo diría que son los camareros, que se colocan formando una línea recta en la zona del salón opuesta al escenario, justo donde la luz de ambiente es más baja. La cena está a punto de comenzar. Hasta ahora, la logística ha sido impecable, sólo al alcance de una organizadora profesional. La liturgia previa a la cena, para enmarcar. Todo ha salido perfecto.

CONTINUARÁ

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