domingo, 10 de mayo de 2026

La ecuación genética

Todos estamos formados por nuestros antepasados. Desde el principio de todas las generaciones de las que yo desciendo, todos los hombres han tenido básicamente el mismo cromosoma Y. No exactamente el mismo. La genética es mucho más compleja que esta explicación de medio pelo, pero vale para que la entienda el CEO de una empresa. Y a mi genética han aportado todos y cada uno de los hombres y mujeres que juntaron sus fluidos antes que yo naciera. Eso quiere decir que los rasgos físicos evidentes, digamos como ejemplo el color de los ojos o la forma de las uñas, viene determinado por una ecuación en la que seguro que participan muchos de mis ancestros.

También otras cosas que no son visibles, más bien perceptibles, se han generado a partir de una ecuación similar. Por ejemplo, el tono de la voz, a través de las cuerdas vocales y otros instrumentos humanos que intervienen en el proceso de hablar. O la forma en la que comunicamos o no comunicamos. O si te gusta el olor de la tierra mojada. Habrá una parte de todas esas infinitas características que tenemos que podrá haber sido influenciada por la educación que nos hayan dado, por el entorno o por cualquier variable que ni se nos ocurra pensar en ella ahora, pero ahí está la ecuación genética.

En algún lugar de tu árbol genealógico alguien respiraba como tu, le dolían las mismas cosas que te duelen a ti y se enamoraba de las mismas cosas o personas que tu. No las eliges, están en tu ecuación.

Asombroso.

Los recuerdos incidentales. ¿Puede una IA oler?

Leyendo sobre memorias y otros animales domésticos, encontré este concepto que me ha perturbado bastante. No el concepcto en si, los recuerdos incidentales, sino precisamente la posibilidad de perderlos.

En esencia, entendí que eran recuerdos asociados a otros conceptos. Por ejemplo, si yo te pregunto dónde está Quintueles, seguro que me indicas el camino perfectamente, pero, además, recuerdas la pastelería Verdementa y lo ricos que son allí los cruasanes y esa asociación constituye en si mismo un recuerdo incidental. O si pregunto por una calle en la que hay una librería a la que sueles ir, el recuerdo del olor a papel de los libros te traerá una sensación placentera. Y ese recuerdo tuyo me puede incitar a ir a la pastelería o a la librería.

Sin embargo, si yo le pregunto a Google o a una IA cómo ir a Quintueles o a la librería de marras, pero no hay recuerdo incidental que aflore en la conversación. Sería una pena que el olor y sabor de los cruasanes y el olor del papel de los libros se perdiese. Vamos camino de ello.

viernes, 8 de mayo de 2026

Inteligencia Artificial

Tengo el coche sucio y quiero ir a lavarlo a un lavadero que está muy cerca de mi casa, a unos 50 metros. Defiendo todo lo que puedo el ecologismo, y condeno el gasto innecesario de energías, especialmente las fósiles. ¿Cómo es mejor que vaya, andando o en coche?

Gluten en Zahara de los Atunes

En ocasiones, nos sucede que nos estancamos cuando tratamos de recordar algo en concreto. Un amigo me dijo en una conversación que le costaba recordar gluten y Zahara de los Atunes, por separado, claro está. Gluten era algo importante porque su mujer es celíaca. Y Zahara de los Atunes es, siemplemente, un destino reciente de vacaciones.

Es curiosa esta desmemoria selectiva. A mi, por ejemplo, me cuesta recordar los nombres de las calles. Nunca he hecho un esfuerzo grande por recordarlas. Cuando era un chavalete, le preguntaba a mi padre, que daba la sensación de que se sabía todo el callejero de Gijón. Y él me resolvía la duda. Ahora, es Google Maps quien me ayuda.

Einstein decía que no hacía falta recordar las cosas que pueden encontrarse en los libros. En la era digital, eso se traduce en que no hace falta recordar lo que puedes encontrar en Google, ¿no?

A vosotros, ¿qué palabras os cuesta recordar?

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