- He pensado dar una fiesta. Quiero que sea una cena y que termine con un baile. ¿Qué te parece la idea?
E: - Espera, porque me ha volado la cabeza. ¿A cuento de qué? Te digo dos cosas. La primera, que la idea me encanta, ya sabes cómo me gustan a mi las fiestas. La segunda, que, como mínimo, debes haber perdido el juicio, porque sé como las odias tu. Algo te tiene que estar pasando. ¿Un ictus, quizás?
- No seas exagerada. No me gustan mucho, pero de ahi a odiarlas... Sabes porqué te lo cuento, ¿no?
E: - Claro. Eres muy predecible. Ya sabía que estabas tramando algo. Cuando te quedas con la mirada fija, distraída, y abres mucho de repente los ojos, sé que algo se te ha metido en la cabeza. Lo has hecho antes. Tienes una idea feliz, y ahora quieres que yo te organice el banquete de bodas. Quieres que sea tu Wendy.
- Jajajaja. ¿Todavía te acuerdas de la anécdota que nos contó Enrique de la "wedding planner"?
E: - ¿Cómo no me voy a acordar? Creo que estuve riéndome una semana de la ocurrencia. Pero no me has contestado.
- Si, quiero. Que seas mi Wendy, ¿nomecomprendes?. No entendería que la pudiera organizar otra persona. Eres la mejor.
E: - Y tu un pelotas. ¿Cuándo será la fiesta, dónde y cuantos invitados habrá? Empieza a darme datos.
- Cuándo, el día de mi cumpleaños, dónde, aquí en Gijón, cerca del centro, estoy barajando dos o tres sitios, y cuántos invitados estoy dudando si hacerla de unos 30 o de alrededor de 70. Estoy manejando dos listas.
E: - ¿Una fiesta de cumpleaños? Esto si que se pone raro.
- Eso si que no, a una fiesta de cumpleaños me niego. Es una especie de sorpresa para otras personas.
E: - ¿Y no sabes aún a quién invitarás? De 30 a 70 cambia mucho la fiesta.
- No, aún no lo sé.