sábado, 25 de abril de 2026

Déjà rêvé

¿Se puede viajar dos veces al mismo sitio en días diferentes, sin saber previamente como llegar?

Es de día, y estamos conduciendo de un pueblo A a otro pueblo B, por llamarlos de alguna forma, en una carretera de costa. No sabemos como hemos llegado hasta ahí, nuestra conciencia parece haberse despertado en medio del trayecto. Voy solo en el coche, pero no tengo la sensación de viajar solo. Es una sensación buena, de acompañamiento, no de vigilancia. El trayecto de A a B es largo, y nos surge la necesidad de volver. La vuelta por el mismo camino produce desánimo, pero nos damos cuenta de que hay un trayecto circular que une A y B, y hemos elegido el camino de costa, más largo y pesado que el del interior, más corto. Decidimos continuar por el camino que llevamos, y una tranquilidad sustituye a la desgana. Volvemos a B, pero sin la sensación de haber perdido el día. Fuera hace sol, pero no tengo calor. La conciencia se desvanece.

Nuevamente estoy conduciendo de día, con sol, por una carretera que me resulta conocida: No la identifico pero tengo la certeza de que podría conducirla con los ojos cerrados. No tengo noción del tiempo. Mi conciencia se enciende cuando ya estoy en el trayecto entre los mismos pueblos. No sé porqué he escrito los mismos pueblos y no sé que nombre tienen los pueblos, así que serán Salida y Llegada. Cuando estoy próximo a Llegada, me doy cuenta que he olvidado algo en Salida y debo volver. Pero algo me dice que no vuelva, que siga, porque la carretera vuelve a Salida. Continúo.

Esto ha ocurrido en dos sueños en dos días distintos o en dos momentos distintos de la misma noche. El concepto de déjà rêvé, es decir, el de lo "ya soñado", ¿puede sentirse durante un sueño o cuando uno ya está despierto? ¿Podemos darnos cuenta durante un sueño que ya lo hemos soñado? Soñar sería lo que pensaría alguien que está despierto mientras está dormido. Pero, ¿cómo se llamaría al verbo si te das cuenta mientras estás dormido? Se supone que no eres consciente de que estás dormido, ¿no?

Tengo una bendita duda

De todas las cosas que escribo, ¿cómo saber cuáles son realidad y cuales son ficción? Ni yo mismo podría ya distinguirlas.

viernes, 24 de abril de 2026

Incontinencia escrita

Me gustan las historias de médicos y de enfermedades raras. Tienen un especial atractivo para mi, y no sabría decir porqué. Las personas que me conocen lo saben, y comparten conmigo toda anécdota relacionada. El otro día un amigo mío, en una sala de espera de un dentista, escuchó una parte de una conversación entre dos personas que parecían esperar juntas. Al parecer, una de ellas le confesaba a la otra que últimamente, sin saber porqué, sufría de una especie de incontinencia que le obligaba a estar escribiendo casi de manera contínua. Incluso que se levantaba por las noches, y no para aligerar vejiga, sino para escribir. Una frase o un párrafo, pero tenía papel y boli en la mesita. No sabía a que se podría deber, y tampoco sabía a quién consultar. No sabía si eso era bueno o malo. El otro le preguntó que qué había hecho. "Lo sometí a una opinión mejor que la mía, la del oráculo de los dioses", fue la repuesta pedante del incontinente.

El oráculo de los dioses en realidad era un grupo variable de 8 o 9 jubilados que se reunían los jueves por la tarde a tomar un café descafeinado o una tónica, nunca más allá, y que tenía poco de oráculo y nada de dioses. Una pandilla de jubilados que mejor estaban apoyados en una barandilla vigilando obras, se dedicaba a intentar arreglar el mundo, con la inestimable ayuda de que entre todos pasaban de seiscientos años de vida. El oráculo, al que voy a seguir llamando así, con un poco de carga irónica, lo reconozco, decidió que de aquella reunión debía salir cuál sería el órgano al que se le debía trasladar la consulta. Menúdo oráculo de mis narices, pensé cuando me lo contó. Hablaron de envidar a un urólogo, por la incontinencia, a un neurólogo, por si era fruto de una distorsión cognitiva que le producía hiperactividad mental, y, por otros motivos, a un psicólogo y hasta a una tarotista. Como el oráculo no emitía una opinión colegiada, cosa que yo ya esperaba, finalmente, el incontinente decidió desechar la idea inicial del urólogo y le colocó una n y una e delante.

El caso es que pasó el tiempo y a mi amigo le llegó el momento de entrar al potro de tortura, y no pudo escuchar más de lo que el incontinente le contaba al acompañante, bajo secreto de confesión colectivo.

Si formaras parte del oráculo, ¿qué consejo le hubieras dado tu?

El ánodo de sacrificio

Me he acordado hoy, escuchando la radio, del concepto de ánodo de sacrificio. Es un poco técnico, pero ahí va, porque es importante para esta disertación. Cuando se ponen en contacto dos metales, directamente o a través de vualquier conductor de corriente eléctrica, se produce un movimiento de electrones entre ellos, que pasan de un metal a otro. Uno pierde electrones y otro los gana. Hagamos dogma de fe en esto, sin preguntarnos más. Lo que sucede a continuación es que el que el metal que cede electrones se va corroyendo, se sacrifica por el otro, de ahí el nombre de ánodo de sacrificio. Tiene muchas aplicaciones industriales interesantes, y el que quiera saber más, que lo busque. Pero quedémonos con que uno de los metales se corroe, forzosa o voluntariamente, para que el otro sobreviva.

En la radio, esta mañana, hablaban del moho en las comidas, ya fuera en un queso azul o en un yogur o unos pimientos olvidados en la nevera. Pensé entonces también en la carne roja que dicen que se deja que se pudra por fuera para mantener intacto el chuletón por dentro. Se raspa esa parte que se corroe y lo que hay debajo está excelente, y no entraré en disquisiciones veganas o no. Con lo que trato de jugar es con el ejemplo.

Pensé también, de la misma forma con las relaciones personales. A veces, una relación de amigo, de pareja o de cualquier razón, siempre que sea posible de romper, hay que dejar que se pudra, que haga de ánodo de sacrificio, que se corroa y garantice una superviviencia más importante, que debajo hay algo más válido, eso a lo que se está protegiendo. Que es una transición natural de las cosas.

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