martes, 21 de abril de 2026

Fiesta de la Séptima Generación (II)

- He pensado dar una fiesta. Quiero que sea una cena y que termine con un baile. ¿Qué te parece la idea?

E: - Espera, porque me ha volado la cabeza. ¿A cuento de qué? Te digo dos cosas. La primera, que la idea me encanta, ya sabes cómo me gustan a mi las fiestas. La segunda, que, como mínimo, debes haber perdido el juicio, porque sé como las odias tu. Algo te tiene que estar pasando. ¿Un ictus, quizás?

- No seas exagerada. No me gustan mucho, pero de ahi a odiarlas... Sabes porqué te lo cuento, ¿no?

E: - Claro. Eres muy predecible. Ya sabía que estabas tramando algo. Cuando te quedas con la mirada fija, distraída, y abres mucho de repente los ojos, sé que algo se te ha metido en la cabeza. Lo has hecho antes. Tienes una idea feliz, y ahora quieres que yo te organice el banquete de bodas. Quieres que sea tu Wendy.

- Jajajaja. ¿Todavía te acuerdas de la anécdota que nos contó Enrique de la "wedding planner"?

E: - ¿Cómo no me voy a acordar? Creo que estuve riéndome una semana de la ocurrencia. Pero no me has contestado.

- Si, quiero. Que seas mi Wendy, ¿nomecomprendes?. No entendería que la pudiera organizar otra persona. Eres la mejor.

E: - Y tu un pelotas. ¿Cuándo será la fiesta, dónde y cuantos invitados habrá? Empieza a darme datos.

- Cuándo, el día de mi cumpleaños, dónde, aquí en Gijón, cerca del centro, estoy barajando dos o tres sitios, y cuántos invitados estoy dudando si hacerla de unos 30 o de alrededor de 70. Estoy manejando dos listas.

E: - ¿Una fiesta de cumpleaños? Esto si que se pone raro.

- Eso si que no, a una fiesta de cumpleaños me niego. Es una especie de sorpresa para otras personas.

E: - ¿Y no sabes aún a quién invitarás? De 30 a 70 cambia mucho la fiesta.

- No, aún no lo sé.

lunes, 20 de abril de 2026

Una unión de precaución

E: - ¿Sabes a quien me he encontrado hoy?

- Sorpréndeme.

E: - ¿Te acuerdas de aquella vecina que teníamos cuando vivíamos en León y Escosura, la del cardado nuclear?

- Claro que si, la que iba siempre con el marido, fingiendo ser discreta y fue la que preguntó a Laude si nos habíamos separado.

E: - Esa. Pero lo que le preguntó fue si habíamos estado casados alguna vez. Me la he encontrado en la plaza de Correos, y me ha dicho que su hija se casa. ¿A qué no te imaginas con quién?

- Joder, pues ni idea. No sabía de su vida amorosa.

E: - ¿No te acuerdas que esa nena había estado estudiando medicina, o se apuntó en mediciona o contaban que se habían apuntado en medicina? ¿Y que les encontramos una vez en el ascensor subiendo un esqueleto de plástico para que la nena fuera estudiando los huesos?

- Por supuesto que me acuerdo. Nos aguantamos la risa tanto que cuando llegamos a casa se escucharon en Lima.

E: - Pues con ese.

- ¿Cómo que con ese?

E: - Se casa con el esqueleto. Bueno, no se casa, me ha dicho que se llama una unión de precaución. Creo que quiere decir que caso de que no encuentre una pareja real, siempre podrá fingir que está unida al esqueleto, no gasta porque no come ni gasta ropa y en la cama, para dormir, no ocupa tanto.

- Espera un momento porque no estoy tan flipado de la historia como que me la cuentes así, como si no pasara nada.

E: - A ver, yo ya los di por perdidos hace mucho tiempo, y no me extraña nada de lo que puedan hacer o inventar. ¿Sabes dónde lo van a oficiar?

- Pero no me jodas que eso, además, se oficia.

E: - Pues si, les une un cajero de un supermercado, están intentado que sea un Alimerka, y querrían hacerlo en horas de tienda.

- ¿Porqué en un supermercado? ¿Porqué un cajero oficiando?

E: - Pues mira, cuando me lo contó lo dio por tan obvio que no quise ni preguntarle.

domingo, 19 de abril de 2026

Zorkvent

Unas semanas atrás, en una cita para comer con un amigo que hacía meses que no veía, llegamos al restaurante antes de tiempo, y ya nos tenían preparada la mesa. Eramos los primeros en entrar al comedor, por lo que nos atendieron rápido, más de lo habitual. No me gusta esperar para ser atendido una vez sentado, así que me pareció fantástica esa casualidad. Poco después que nosotros, llegó una pareja de unos cincuenta años, de los que la mujer me llamó la atención por lo bien que le quedaba el vestido que llevaba, tanto que despertó en mí un inequívoco sentimiento de lujuria. Mi amigo reconoció al hombre de la pareja, y se levantó a saludarle. El tiempo de su conversación decidí invertirlo en seguir mirando a la mujer, que voy a recalcar por si no ha quedado claro, me había dejado sorprendido. Ahora seguro estás pensando que sorpresa está escalones por debajo de lujuria.

Al poco tiempo, vi que mi amigo, en su animado diálogo con su contertulio, señalaba hacia la mesa, hasta el punto de que los dos se dirigieron hacia mi. Cuando me lo presentó, me dijo que trabajaba para una empresa que se llamaba Zorkvent. Me entregó su tarjeta de visita, que era negra, con letras mayúsculas en blanco, solapándose, y que producía un impacto visual instantáneo, como si estuviera tratando de hipnotizarte. De hecho, sé que me explicó que trabajaba en algo de ventilación o de instalación de parques eólicos, porque no consigo recordar lo que me dijo.

Tan hipnotizado quedé, por la tarjeta o por el vestido, que a estas alturas ya definiría como caleidoscópico, que no me di cuenta que Zorkvent y su pareja terminaron de comer, se levantaron y sólo pude distinguirlo a él dirigirse a pagar a la barra. Si te estimulabas bien, podías ver el rastro de unas tenues estelas de los colores del vestido en el comedor.

viernes, 17 de abril de 2026

Es benigno

No sé en cuál de las películas de Woody Allen, uno de sus alter ego decía que la mejor frase que te podían decir es "es benigno". Ahora, después de una conversación telefónica, muy corta, con el electricista que tenía de confianza, me dijo la que yo creo que, a día de hoy, es la peor que te pueden decir: "jubileme".

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