miércoles, 6 de mayo de 2026

Me equivoqué de faro

Hoy he escuchado en la radio una historia de hace muchos años, relacionado con el hantavirus, acerca del armador que visualizó la oportunidad de los viajes de placer en crucero, y que el primer barco dedicado a semejante menester sufrió un accidente y encalló porque el capitán se había equivocado de faro.

Un faro tiene una combinación específica de períodos de luz y de sombra, que se llama la característica del faro, por la que se le puede reconocer desde el mar, y así saber los tripulantes en donde se encuentra un barco y de acuerdo con sus cartas y mapas, situarse. ¿Pueden dos faros tener la misma característica? Si, pero tendrían que estar tan alejados en el mapa que sería imposible de confundirlos. No sé. Por ejemplo uno en la costa asturiana y otro cerca del cabo de Buena Esperanza. Habría que estar muy mal orientado para que nos indujera a error. La otra explicación del accidente sería que no hubiera identificado correctamente al faro por su característica, y pensara que era el faro de Tazones en vez del de Cabo Peñas. Y de ahí la debacle.

Pues se me ha ocurrido pensar que también a nosotros nos pasa lo mismo, nos equivocamos de faro (persona). En ocasiones, erramos al interpretar unas señales de luz y de sombra que nos envían y que son otras distintas. Eso trae como consecuencia que ese no es el faro (persona) al que nos tenemos que dirigir. Y encallamos. En otras ocasiones, las menos, confundimos un faro (persona) con otro que está a muchos kilómetros de distancia, acabamos descolocados.

lunes, 4 de mayo de 2026

Fiesta de la Séptima Generación (IV)

Son las ocho de la tarde del 27 de junio. Sábado, para más señas. En el Club de Regatas de Gijón se está organizando una fiesta en el salón principal. Se ha improvisado un pequeño escenario, semicircular, levantado sobre una reluciente tarima de madera de castaño, en torno al cual se disponen ocho mesas, en dos filas alrededor del escenario. Las mesas están numeradas del 1 al 8, pero no llevan orden alguno. Cada mesa tiene anotados los invitados que deben sentarse en ella, no con sus nombres, sino con unos números que representan a las parejas, estos si consecutivos. Están ya todas ellas completas, no hay ningún hueco libre. Hay, por tanto, sesenta y cuatro personas, de las que sabemos, no nos preguntemos porqué, que forman 32 parejas, casi todas ellas casadas, excepto unas pocas que lo estarán antes de que transcurran unos pocos meses. Al lado de cada uno de los platos, un recordatorio del evento indica que se trata de la Fiesta de Séptima Generación, y se describe con detalle el menú.

Se nota una gran expectación en la mayoría de los invitados, casi se podría decir que un poco de nerviosismo. Se les ve charlar animosos entre ellos, con certeza preguntándose como se llaman, si les gustan las mariposas, de donde vienen, cuál es su color preferido, si conocen al anfitrión, y cosas como las que se le pueden decir o preguntar a un compañero de evento al que se ha sido invitado sin saber porque. Al llegar, una serie de personas, uniformados y elegantes, han ayudado a los asistentes a ocupar su lugar en las mesas, pero se han debido retirar ya porque no se distingue su lustroso uniforme. Quienes comienzan a aparecer ahora yo diría que son los camareros, que se colocan formando una línea recta en la zona del salón opuesta al escenario, justo donde la luz de ambiente es más baja. La cena está a punto de comenzar. Hasta ahora, la logística ha sido impecable, sólo al alcance de una organizadora profesional. La liturgia previa a la cena, para enmarcar. Todo ha salido perfecto.

CONTINUARÁ

domingo, 3 de mayo de 2026

El coste de la vida

En febrero de 1926, hace 100 años, Natividad Palacio Collada, mi bisabuela, madre de mi abuela paterna, compraba una casa en Arroes con varias fincas y un hórreo. Ese hórreo, que es el que tenemos en casa ahora, se valoró en el contrato de compraventa en 500 de las antiguas pesetas, unos 3 euros. Natividad llevaba viuda de Silverio Nava Tuero desde 1909.

Hoy en día, hacer uno nuevo igual costaría unos 30.000 euros. En 100 años, multiplicado el precio por 10.000.

Libros leídos últimamente

Después de un período de poca lectura por problemas de visión, he retomado la afición por los libros en las últimas semanas. Es justo nombrarlos porque creo que ha sido el punto de inflexión para volver a subir cosas al blog que no fueran fotografías.

Empecé por Vila Matas y su Canon de cámara oscura. Lo primero, me gusta el estilo de Vila Matas, pero me esperaba un libro más parecido a Extraña forma de vida, el cual me pareció muy gracioso en su día, y este último viene a ser un homenaje a la literatura, que los críticos entienden como una autoreferencia a Bartleby. De todas maneras, me ha gustado.

Seguí por Han Kang y La clase de griego. No la había leído antes y me gustó, sin pasión. Pero me ha hecho comprar otro libro suyo, que anda por ahí en lista de espera. Una historia muy peculiar de una pérdida repentina del habla y una degradación paulatina de la visión. Se deja leer muy fácil.

Después vino María José Meana, hermana de una amiga, y su Encierros y refugios, que me causó una sensación muy grata. Es un libro super entretenido, gracioso, irónico, y al que, como única pega, se podría decir que se pueden sacar historias del libro hacia alguna spin off. Si esto se puede considerar pega, claro.

El último de los recientes, Samanta Schweblin, que creo que me ha ganado ya para seguidor suyo desde hace tiempo. El buen mal es un libro de relatos inquietantes, sello de su factoría. No sabes si es presente distópico mezclado con realismo mágico, pero sigue la línea de Kentukis, Distancia de Rescate o Siete casas vacías que ya había leído. Recientemente ha ganado varios premios.

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