martes, 7 de abril de 2026

Con la guardia baja

Como vivo en una zona donde los carteros se pierden, hace tiempo que recibo las multas de tráfico y los paquetes de amazon en casa de mi hermana. Cuando me manda una foto de una carta con el logo de la dgt o un paquete de cartón, ya sé que es lo que me espera. Sin embargo aquella carta llegó en un sobre que yo diría antiguo, con letras de haber sido escritas con máquina de escribir en la dirección postal y el remite, que era simplemente un apartado de correos. Estoy seguro de que era una underwood.

Algo me removió el estómago como no ocurría hacía infinitos años, con nervios de decepción de novieta, y le pedí a mi hermana que abriera la carta. Más tensión hasta que llegó la foto y en ella, el notición: Sargadelos, en una comunicación muy escueta, aceptaba mi propuesta técnico comercial para ser proveedor de caolín para sus cerámicas.

Hacía unos meses, animado e informado por un amigo que tenía una prima trabajando en la fábrica, decidí ofrecerles caolín, del que sabía que necesitaban suministradores, y que preferían que fuesen de la zona. Hice un par de consultas, armé todo lo rápido que pude la oferta y se la envié. De todo esto hacía unos seis meses, y ya me había olvidado del tema.

He sido muy fan de Sargadelos desde siempre, y el fanatismo se me ha desbordado desde una visita reciente a la fábrica, en la que descubrí, entre otras cosas, como conseguían ese azul tan intenso. Ahora, sólo quedaba por resolver un detalle menor sin importancia. No sé de donde voy a sacar el caolín.

lunes, 6 de abril de 2026

Buscar o encontrar. Cazar o recolectar.

Buscar es consecutivo a una posición activa, a una detección de una necesidad o de un deseo, que desencadena una investigación. Se busca un par de sandalias que necesitamos o nos apetecen, un curriculum de una asistente o un restaurante para cenar el próximo viernes. Termina, o no, en un encuentro. Encontrar, desde esta perspectiva, es consecuencia de buscar. El binomio buscar-encontrar es el leitmotiv del cazador, es su motor vital.

Encontrar puede ser también la resulta de una operación casual, que se podría decir en cierto modo pasiva. Encontrarás lo que buscas si guardas lo que no necesitas, le leí una vez a Saramago. Asi, no proviene de la necesidad, sino de la precaución. Quizás es fruto de una despreocupación, de una falta de urgencia, de un estado de tranquilidad. De la paciencia. Cuando hay que esperar, hay que esperar, le leí una vez a Murakami.

El recolector, como el cazador, ¿busca y encuentra (o no), o encuentra después de esperar despreocupado?

domingo, 5 de abril de 2026

sábado, 4 de abril de 2026

Instinto y laberinto

Hay dos formas de entrar a un laberinto: voluntaria y forzosa.

De forma voluntaria, como el que entra en un juego. Tiene la ventaja de que se suele conocer la vía de escape y en cualquier momento se puede salir. La navegación dentro no debería generar angustia, porque quien por su gusto corre, jamás de la vida cansa. No siempre es cierto, y a veces se queda uno atrapado absurdamente.

De forma forzosa, que tiene también dos variantes, que alguien te fuerce a entrar o que tu mismo te fuerces, que también se dice artificialmente voluntaria. En estos dos tipos de entrada forzosa también conocemos como se escapa, pero o nos hacemos los tontos o nos cuesta pulsar el botón del pánico porque por pánico puro se nos olvida que lo tenemos. Suelen generar angustia y ansiedad hasta que recordamos qué fácil era pulsar.

Olvidándonos de qué manera entramos y de que sepamos salir, sólo por juego, se nos presenta una duda shakespeariana: ¿se debe utilizar el instinto, sufriendo los tiros penetrantes de la fortuna injusta, o una técnica, haciendo frente al torrente de calamidades con oportuna resistencia, para salir del laberinto?

En cualquier caso, el instinto dentro sólo les funciona a los inteligentes y calmados.

free hit counters